LA RELACIÓN MENTE – CEREBRO
Publicado por Editor el 2 Mayo, 2012
Tan increíble como pueda parecer, mucha gente aun no tiene claro la diferencia entre cerebro y mente y de hecho, muchas personas los confunden.
Prácticamente, todas las personas entienden al ser humano como una triada: cuerpo, mente y espíritu. El cuerpo sabemos donde está y más o menos como está formado y como funciona. Sin embargo, al hablar de la mente, las cosas comienzan a complicarse, porque mucha gente cree que está en la cabeza. De hecho, cuando queremos indicar que estamos pensando en algo, hacemos un gesto señalándonos la cabeza. O cuando decimos que estamos pensando mucho sobre algo o sobre alguien, nos tocamos la cabeza y decimos “es que no lo puedo sacar de la mente” y, posiblemente por esta razón, creemos que la mente está en algún lugar de nuestro cuerpo.
Si ahorita alguien te preguntara donde está la mente, ¿Qué le contestarías? Y si alguien te preguntara de que está formada la mente, ¿Qué le contestarías? Pues bien, yo no te daré la respuesta sino que dejaré que tu mismo(a) la busques. Yo encontré una muy buena respuesta en el libro de Neale Donald Walsch, “Conversaciones con Dios”. Ahora, quiero hacerte una reflexión sobre la relación de la mente y su influencia sobre el cerebro.
Para comenzar, unas palabras que bien se merece el cerebro humano, el pináculo de la evolución. Un órgano que después de más de cien millones de años de constante adaptación ha desarrollado unas capacidades extraordinarias. Un órgano que tiene como única finalidad mantenernos con vida y para ello, se ha organizado de tal forma que puede adaptarse a cualquier entorno y a través del desarrollo de incontables conexiones entre sus neuronas permite que efectuemos prácticamente cualquier tarea imaginable.
Sin embargo, si bien es cierto que desde un punto de vista físico, es fácil saber como se forman las conexiones neuronales a través de la repetición de una misma acción, resulta más impresionante y es de lo que quiero hablarte en este artículo, el efecto que los pensamientos tienen sobre nuestro cerebro. Dicho de una forma más simple, cuando hacemos algo repetidamente, el cerebro crea conexiones neuronales (como mapas o huellas) que modifican la estructura del cerebro y también, cuando pensamos en algo, el cerebro crea conexiones neuronales que modifican su estructura.
Entonces, podemos concluir que el cerebro es la parte de nuestro cuerpo que nos permite expresar o traducir en el mundo físico lo que pasa en nuestras mentes. ¿Cómo? Creando las conexiones neuronales que lo hagan realidad. Esto no es nada nuevo y los monjes budistas, los contempladores cristianos y toda aquella persona que piensa lo suficiente sobre las más altas cualidades humanas, llega a crear las redes neuronales necesarias para que se hagan realidad en su cerebro y su mundo físico.
Y, ¿Cómo se hace para generar estas redes neuronales elevadas? Reflexionando, meditando, contemplando, leyendo y orando sobre lo que queremos que nuestro cerebro desarrolle las redes neuronales apropiadas, pero para que ello se pueda dar, necesitamos iniciar por el principio de todo esto: La intención. Debe haber una intención de ser un mejor ser humano. El cerebro, a través de la corteza cerebral (la última parte del cerebro que evolucionó y que nos distingue de otra criatura en el planeta) está perfectamente preparado para responder a nuestros deseos de realización y comunión con lo más elevado: Dios o como tú le llames, inteligencia infinita, campo cuántico, gran arquitecto, Alá, Yahvé, etc.
La intención es el primer paso para utilizar esa parte del cerebro que permite que cada Ser Humano muestre lo mejor de sí mismo. La falta de intención, hará que el cerebro trabaje desde la parte reactiva, esa parte primaria y primitiva que es necesaria para REACCIONAR y mantenernos con vida y que fuera de suma utilidad a nuestros antepasados cuando la vida era pelar y matar o huir y sobrevivir. Hoy, podemos ver que muchos humanos siguen viviendo bajo estos mismos patrones: pelear, atacar, huir y con la premisa de que la vida es una batalla constante en la que sólo el más fuerte sobrevivirá.
Después de la intención, viene la aplicación constante de las formas que los grandes maestros nos han enseñado (Reflexionando, meditando, contemplando, leyendo y orando) para activar las partes del cerebro apropiadas para evolucionar y de esta manera, utilizar como debe ser la RELACIÓN MENTE-CEREBRO.
Pregunta: ¿Tú practicas meditación, oración, contemplación, lectura y oración todos los días? En otras palabras, ¿Activas la parte más evolucionada de tu cerebro todos los días?










